Cuando estuvo en su casa, se sentó, inclinó la cabeza sobre el pecho, y quedó inmóvil como una estatua.

La madre fué y vino, gritando sin cesar, amenazando y haciendo comentarios sobre su situacion.

Esto no era más que un desahogo, pero no un remedio.

Así pasó casi todo el dia.

Indudablemente Alfredo habia reconocido la letra, y para evitarse disgustos no quiso recibir la carta.

Verdad es que si la hubiera recibido habria sido completamente igual el resultado.

Lo que el tiempo vale, lo mucho que puede, lo sabia muy bien Saavedra, y tenia la seguridad de que con el tiempo la desdichada jóven acabaria de perder la poca fuerza moral que le quedaba, y que se resignaria.

Debia la infeliz encontrarse en más de un apuro que la obligase á gastar el dinero que hasta entonces no habia querido tocar, cuando esto hiciese debia renunciar á todas sus aspiraciones.

Uno de los medios que hay para que las personas se aburran y se desalienten, es dejar que el tiempo pase, y en fuerza de tiempo debia Paquita desalentarse, porque hacia demasiado uso de sus fuerzas, y por lo mismo estas debian concluir más pronto.

Empero todavía no se habia resignado; todavía le quedaban alientos para luchar, y lo único que le faltaba eran los medios.