Habíase puesto Paquita su mejor ropa, habíase adornado con el más cuidadoso esmero.
Esto era una torpeza, como otras muchas que habia cometido.
Si Clotilde era bella y elegante, Paquita no queria aparecer ménos seductora.
No pensó que en sus adornos estaba el sello de su modesta clase, y que, más que otra cosa, debia ponerse en ridículo.
Entró en la morada del conde, quedando en el coche la esposa de don Pascual.
Hé ahí otra torpeza.
La hija quiso evitar que su madre se dejase arrebatar por la cólera, y no pensó que debia formarse de su decoro una triste idea al presentarse sola, y con el fin que se presentaba.
Encontró muchos inconvenientes en los criados, porque era más difícil ver á Clotilde que á su padre; pero ella encareció tanto la importancia del asunto que la llevaba, que al fin uno de los sirvientes le dijo:
—Espere usted, y veremos.
Sentóse Paquita en una antesala.