—Pero tanto han encarecido el asunto que á usted la trae...

—Sí, es de mucha importancia, de mucha gravedad, y no creo que su señorita de usted se arrepienta de haberme recibido.

—La verá usted.

Desapareció la sirviente.

Paquita volvió á sentarse.

Trascurrieron cinco minutos, que fueron para ella cinco siglos.

Levantóse una cortina, y Clotilde se presentó vestida sencillamente y sin ningun adorno.

Su doncella la siguió, y se quedó junto á la puerta en actitud respetuosa.

La hija del conde atravesó la antesala, saludó con un movimiento de cabeza á la víctima de Alfredo, y le preguntó: