—A pesar de esas razones...

—Repito que hablarme á mí de ese asunto es como hablar á otra persona cualquiera, y perdóneme usted que no la escuche más, porque ya le he dicho que mi decoro me lo prohibe.

Y no bien hubo pronunciado la hija del conde estas palabras, se inclinó y se dirigió á la puerta, mientras la sirviente levantaba la cortina.

Paquita quedó anonadada.

La vergüenza la hizo enrojecer.

La ira produjo en ella el más profundo trastorno.

Clotilde atravesó el umbral, y cayó la cortina.

La doncella quedó inmóvil.

La desdichada hija de don Pascual se oprimió el pecho.