—¡Jamona!... algo más.
—Mira, Paca, no me tientes la paciencia.
—Bien dice el refran, que las verdades amargan.
—Siempre te empeñas en compararme á tu padre, que es un viejo que no puede tenerse en pié.
—Tiene cinco años más que tú, y ya ves que no se pone ningun adorno, ni piensa en ciertas cosas propias de la juventud.
—Tú tampoco deberias pensar, porque tu estado...
—He cometido una falta; pero es menester que sepamos lo que tú has hecho en tu juventud.
—Paca, que soy tu madre...
—El resultado es que has perdido los mil duros.
—Ya sabes que estaban bien guardados.