—Tan bien guardados, que han desaparecido sin saber cómo.
—¡Oh!... daria lo que me queda de vida por saber quién los ha robado.
Paquita se dió una palmada en la frente, y exclamó:
—¡Ah!...
—¿Qué te sucede?
—Todo lo adivino.
—Explícate.
—Los mil duros los ha cogido papá.
—¡Dios bendito!...