—Podia suceder que algun amigo...—repuso su esposa.
—La amistad, con raras excepciones, no es bastante para abrir el bolsillo, y sobre todo, á mí no me gusta molestar á nadie, y prefiero hacer un sacrificio.
—Pero cien duros...
—¿Es poco?
—Hay que hacer tantos gastos...
—Cuando se va en busca de la salud, no es menester vestidos ni adornos.
—Siempre dices lo mismo.
—Comamos,—repuso con calma don Pascual.
Su esposa no se atrevió á continuar hablando.
Las dos mujeres supusieron que aquellos dos mil reales procedian de los veinte mil que habian desaparecido, y acusaron al pobre don Pascual, porque guardaba para sí la mayor parte, sin consideracion á las necesidades de su familia, necesidades imperiosas, como para ciertas mujeres lo son los relumbrantes adornos.