CAPÍTULO XVII
La declaracion.

Aquella misma tarde se presentó Juanito.

¡Pobre Juan!

Paquita revelaba en su semblante el abatimiento y la tristeza más profunda.

Saludó á su amigo con débil voz, tosió tres ó cuatro veces, y guardó silencio.

—Usted es de confianza,—dijo la madre,—y como tengo mucho que hacer, porque hemos de irnos mañana...

—Si he de estorbar, me iré.

—Nada de eso... con su permiso.