—Y así llega la vejez...

—Yo quisiera ser viejo.

—Pero no lo es usted.

—Ni usted tampoco.

—Sí,—dijo Paquita;—he llegado á la decrepitud, cuando no tengo más que veinte años, porque he sufrido mucho, y vivir es sufrir, y cada dia representa para mí un año...

—Y para mí un siglo.

Paca tosió.

Juanito suspiró lánguidamente.

Miráronse, y bajaron los ojos.