Ella se oprimió el pecho, y él apretó los puños como si estuviese desesperado.

¡Bonito papel estaba representando el pobre Juan!

No sabemos en qué novela habia leido Paquita, lo que acababa de decir.

Para las mujeres que no tienen entendimiento, las novelas son un gran recurso.

Verdad es que Juanito se encontraba en el mismo caso.

Ella guardaba silencio, y á él le tocaba lucirse con otras cuantas frases de enamorado de melodrama.

—¡Qué triste es la soledad!—exclamó.—Y la soledad más horrible es la del alma, la del corazon, en medio del bullicio del mundo. ¿Qué es la vida sin amor y sin ilusiones? Un desierto donde por todas partes nos rodea el calcinado arenal, sin que la vista alcance á descubrir el verde ramaje de una palmera, ni llegue al oido el dulce susurro del cristalino arroyo que ha de apagar nuestra sed devoradora.

Paquita volvió á toser.

—¡Ah!...—prosiguió diciendo Juanito.—Se va usted, y yo me quedo; se va usted...

—En busca de la muerte, y usted se queda...