—Muriendo entre los vivos y sin el consuelo de que nadie comprenda mi dolor... ¡Oh!... ¿Dónde habrá un alma para mi alma, dónde para mi corazon habrá un corazon?

—¡Juanito, Juanito!...

—¡Qué!... ¿pues no digo la verdad?

—¡Ay!...

—¡Paquita!...

—Las palabras de usted son horriblemente amargas.

—Es que la hiel de que está impregnado mi espíritu...

—Es usted injusto.

—¡Injusto!

—Tiene usted vida...