—¡Jesús!—se oyó exclamar.
Y la madre apareció.
Turbado y confuso se levantó Juanito, con el pantalon empolvado, los cabellos en desórden, la corbata desarreglada...
Paquita se cubrió el rostro con las manos.
—Reconozca usted—dijo severamente la esposa de don Pascual,—que abusa usted indignamente de mi confianza.
—Señora, todo mi delito consiste...
—Ya lo he visto.
—La pasion me trastorna...
—Así se excusan todos los que cometen cierta clase de faltas.