—No es un crímen amar...

—Pero sí es un crímen hacer lo que usted estaba haciendo.

—Me reconviene usted con demasiada dureza, me rechaza tal vez porque soy pobre...

—Eso no.

—Si su hija de usted acepta mi amor...

—¿Quiere usted que se exponga á otro desengaño? Ya ve usted cómo se ha quebrantado su salud...

—Yo soy más pobre, pero más honrado que ese otro miserable.

—En fin, Paquita decidirá; pero me parece...

—Hable usted, hable usted,—dijo Juanito con acento suplicante á la jóven.

Levantó esta la cabeza, y como si estuviese profundamente conmovida, dijo: