—Si Dios quiere conservarme la vida; le daré á usted una prueba de que hay corazones que sientan como el suyo.
Juanito juró que era el hombre más dichoso del mundo, y continuando la conversacion, convinieron en escribirse diariamente, ó por lo ménos con la frecuencia que lo permitiese la salud de Paquita.
Aquella noche Juanito, en el último punto de su entusiasmo, abrazó y besó á doña Robustiana.
Al dia siguiente pensó que debia atenuar los efectos de todo lo que habia hecho contra Saavedra, y decidió hablar á Clotilde para que esta se convenciese de que su antiguo amante no se ocupaba de otra mujer.
¿Era posible que á la hija del conde se le ocultase la verdad?
No se le ocultaria, y de lo que se convenceria era de que Juanito lo habia hecho todo impulsado por los celos, y sin otro fin que el de hacer á Saavedra todo el mal imaginable.
Como se comprende, así se conseguia justificar al miserable seductor, y este no tendria que hacer más que gozar del triunfo que sus mismos enemigos le habian proporcionado tan torpemente.
Ya tenia Paquita novio, ya podia estar segura de casarse, y por consiguiente sufrió ménos por no poder comprar los adornos que necesitaba para embellecerse.
Llegó el momento de partir.
El padre y la hija se abrazaron.