El primero apenas pronunció algunas palabras.
No podia dudarse de que conocia el terrible secreto, y nos inclinamos á creer que en su poder estaban los mil duros que habian desaparecido del cofre.
Juanito pasó tres dias de mortal angustia.
Cuando recibió la primera carta, de Paquita, la leyó siete veces, la besó más de mil, y luego fué á dar parte de su dicha á doña Robustiana.
—¿Lo ve usted?—decia esta.
—Todo lo debo al talento y á la habilidad de usted.
—Me felicitaré si son ustedes más dichosos que Adela y Eduardo.
—Eduardo es un miserable.
Nada más sucedió entonces que sea digno de mencion.