No sabemos adónde hubieran ido á parar en el trascurso de la conversacion; pero fueron interrumpidos por el silbido de la locomotora, y tuvieron que acudir para recibir á las viajeras.

Poco despues se presentaron estas.

Hubo abrazos, saludos cariñosos, sonrisas y lágrimas.

Entraron en un coche y se alejaron de la estacion.

Paquita parecia haber recobrado toda la alegría de otro tiempo.

Llegó el instante de entrar en cierta clase de explicaciones, porque la jóven preguntó á su novio:

—¿Y qué novedades hay por Madrid?

—Ninguna buena,—respondió tristemente Juanito.

—¿Pues qué sucede?