—Hoy me he quedado sin empleo.
—¡Sin empleo!—exclamaron la madre y la hija.
—Y en estos momentos, en estas circunstancias... ¡oh!... estoy desesperado.
Todos guardaron silencio.
Los semblantes, que estaban alegres, revelaron la más profunda tristeza.
Largo rato pasó sin que se percibiese otro ruido que el que producia el coche al rodar sobre el empedrado de las calles.
Por fin Juanito reanudó la conversacion, para decir que ya no le parecia conveniente guardar el secreto de sus amores, y que lo habia dado á conocer á don Pascual.
Al estupor sucedió la ira, y las dos mujeres se desataron en improperios contra Saavedra, acusándolo de la desgracia de Juanito.
Don Pascual escuchaba y callaba, y cuando fué interpelado por su esposa, respondió:
—Todo me parece bien, y así se lo he dicho á este caballero.