—¿Con que te parece bien que lo dejen sin destino?

—Nadie sabe dónde está ni en qué consiste su fortuna.

En vano habló la esposa de don Pascual, porque este continuó guardando silencio.

El carruaje llegó á la calle de San Lorenzo.

Las viajeras necesitaban descansar, y Juanito se despidió, prometiendo volver al siguiente dia.

La madre y la hija, mientras cenaban, hablaron sin cesar de su viaje, de la nueva situacion de Juanito y de la maldad de Alfredo de Saavedra.

Dos horas despues se habian acostado y dormian.

Don Pascual no pudo conciliar el sueño, pensando en la inocente criatura fruto de la debilidad de su hija.