CAPÍTULO XIX
El hombre bueno sigue probando que no es bonachon.

Don Pascual aprovechó la ocasion de que era domingo, y cuando salió de su casa se encaminó á la de Alfredo.

¿Qué intentaba el desgraciado?

Tal vez iba á verse tratado como su hija cuando se presentó á Clotilde.

El rostro de Bonacha estaba pálido, y su mirada era sombría.

Tampoco aquella mañana se hubiera dicho que era el hombre bonachon y cándido hasta el último grado de la candidez.

Preguntó por Alfredo, y le contestaron que este acababa de levantarse.

—Pues es absolutamente preciso que yo lo vea,—dijo don Pascual con una energía que nadie hubiera sospechado en él.

—¿Su nombre de usted, caballero?

—Bonacha.