—Entonces nada tengo que decirle á usted.

—No he venido para que me diga, sino para que me escuche.

—¿Quiere usted echarme en cara la fealdad de mi conducta?

—No, porque para los abusos como el que usted ha cometido, no hay calificacion. Cuando un hombre hiere despues de estar seguro de la impunidad, prueba que es un cobarde.

—¡Caballero!—gritó Saavedra, poniéndose en pié como impulsado por un resorte y lanzando una mirada terrible á don Pascual.

Empero este permaneció impasible, y arrostró serenamente aquella mirada.

—Le he llamado á usted cobarde...

—Si ha venido usted para ofenderme...

—Aquí estoy para responder, porque yo, cuando ofendo, acepto la responsabilidad.

—Si ha creido usted que sus canas han de ponerlo á cubierto de mi enojo...