El criado obedeció.

Entonces le ocurrió á Saavedra decir:

—¿Y mi hijo?... Porque supongo que ya soy padre... Ni siquiera lo ha nombrado don Pascual... ¡Oh!... no, no abandonaré á esa criatura inocente, que debe la existencia á mis locuras.

Nos parece que las locuras de Alfredo habian acabado, pues por más que él se esforzase para desentenderse de su conciencia, no era posible que esta dejase de atormentarlo.


CAPÍTULO XX
Bonacha se explica con su mujer.

Don Pascual cumplió su propósito, y renunció el destino.

La renuncia, como era consiguiente, fué aceptada.

Cuando ya no tenia remedio, fué cuando Bonacha dijo á su familia que se habia quedado sin empleo.