—Ya sé que piensa casarse, y yo, sin mengua de mi honor, no puedo dejar de ser esposo de la hija del conde de Romeral.

—Pues si acaso intenta usted indemnizar con dinero á esa pobre familia...

—No, porque ya una vez con el dinero ha tenido valor para azotarme el rostro ese anciano que tan débil parece.

—Entonces...

—Don Pascual dejó su empleo, y yo he sido causa indirecta de que se quede tambien sin recursos para vivir ese jóven que ha de casarse con Paquita.

—Si les ofrece usted un destino...

—No se lo ofreceré; pero lo necesitan, y si usted quiere ayudarme, hará á esos desgraciados un gran beneficio y tranquilizará mi conciencia en cuanto es posible que se tranquilice.

—No comprendo...

—Está usted bien relacionada.