—Es cierto.

—Nada tendria de particular que encontrase usted á uno de los que fueron amigos de su difunto esposo.

—Y algunos de ellos han hecho gran fortuna,—dijo doña Robustiana.

—Ese amigo imaginario pudo deber la vida á su esposo de usted.

—Ahora entiendo.

—Es agradecido...

—Sí, pone á mi disposicion su influencia, y yo le pido un empleo para Bonacha y otro para Juanito.

—Y será usted la madrina, y el regalo consistirá en las dos credenciales...

—No necesito más explicaciones.

—¿Puedo contar con el auxilio de usted?