—Sí, caballero, porque para hacer un beneficio no debe nadie vacilar.
—Gracias, señora, gracias.
—Por supuesto, que es menester que no se sospeche la verdad, porque mi amigo Bonacha...
—Lo conozco demasiado bien.
—Estamos de acuerdo.
—Ahora si usted quisiera decirme...
—¿Qué?
—¿Y mi hijo?
—Hay un ángel más en el cielo.