Esta cumplia sus deberes con religiosa exactitud, y creemos que los cumpliria siempre, pues en realidad no era mala.

Tambien Juanito era un excelente esposo, que se parecia algo á su suegro.

Tenian un hijo, y esto lo consideraron una nueva felicidad, y además del hijo habian conseguido un ascenso, gracias á la proteccion de doña Robustiana del Peral.

Don Pascual Bonacha no habia vuelto á recuperar la alegría; su salud seguia quebrantándose, y parecia que habian trascurrido diez años, segun lo que se avejentaba. No debia vivir mucho, porque el tiempo no calmaba su dolor.

La herida que habia recibido era mortal, y forzosamente habia de sucumbir.

Su esposa estaba tranquila y gozaba, porque la bondad del marido de su hija permitió á la madre constituirse en jefe de todos. Ella disponia sin contradiccion, y no necesitaba más para encontrarse bien.

Lo único que le desagradaba era que sus amigos le preguntasen por su nieto, que era lo mismo que llamarle abuela.

La esposa de don Pascual, segun ya hemos visto, creíase todavía jóven, y si no tenia pretensiones de enamorar, parecíale que aún podia ser mirada con agrado.

Continuaban yendo á la tertulia de doña Robustiana, y esta presentaba siempre como modelo de esposos á Paquita y á Juanito.

No sucedia lo mismo con la desgraciada Adela, pues Eduardo habia dado fin al importe de todos los títulos de la deuda que tenia en su poder, y quiso luego que se vendiese la casa.