Era forzoso que esta situacion llegase, y llegó.
No hay que decir que en las casas de juego habia quedado la mayor parte de aquella fortuna, adquirida en fuerza de tanto trabajo, de tanta honradez y hasta de muchas privaciones.
Por de pronto, quiso el tahur justificar su conducta, diciendo que habia emprendido algunos negocios, y que en todos ellos habia sido desgraciado, ya porque las circunstancias no le favorecieron, ya porque habia sido víctima de la mala fe de criminales especuladores.
Empero siempre resultaba lo mismo, es decir, que habian desaparecido muchos miles de duros, que producian una renta respetable.
Les era preciso cambiar de sistema de vida á las dos pobres mujeres, suprimiendo criados y todo aquello que no era de absoluta necesidad, puesto que ya no contaban con más que con los catorce ó quince mil reales que la casa producia.
A pesar de todo esto, no se atrevió Adela á reconvenir á su marido.
La infeliz sufria y callaba.
Su madre perdió al fin la paciencia y tomó parte en el asunto, no solamente para decir lo que su hija callaba, sino para oponerse á que la casa se vendiese ó hipotecase.
Eduardo, con gran habilidad, hizo ver claramente que con el importe de la finca podian salvarse los negocios perdidos, recuperando el capital y mucho más aún; pero doña Cecilia replicó: