—Desde hoy mismo yo seré la dueña de la casa, y aquí nadie manejará el dinero más que yo, y no se obedecerán más órdenes que las mias, y si no le conviene á usted así, buscará usted otros tontos que se dejen engañar.
—Saldré de esta casa para no volver.
—No cometeremos la torpeza de ir á buscarlo.
—Esta bien, señora: ya que usted adopta una resolucion...
—Puede usted hacer lo que bien le parezca, que para tener semejante marido, mejor está mi hija sin ninguno.
Por de pronto aceptó Eduardo la nueva situacion, porque le quedaba el recurso de hacer uso del crédito que el dinero de su mujer le habia dado.
Tomó, pues, algunas cantidades de consideracion, que se disiparon lo mismo que todas.
Bien pronto lo acosaron los acreedores, y más de una vez le amenazaron graves peligros.
¿De dónde sacaria más dinero?
Se apoderó de algunas prendas de valor que en la casa habia, como eran cubiertos y otras alhajas, que es lo mismo que decir que se robó á sí mismo.