Cuando le faltó el dinero abandonó á Juana, ó más bien ella lo dejó por otro.
Manolo, comprendiendo al fin la verdad, volvió la espalda para siempre á la que habia querido tan de veras.
Acostumbrada á la holganza, ni siquiera volvió á pensar Juana en ponerse á servir.
No habia hecho ahorros, porque esta clase de mujeres gastan cuanto tienen.
Su segundo amante la dejó tambien.
Llegó para la jóven el espantoso dia de la miseria.
Vendió sus ropas y adornos.
Al fin no tuvo que vender.
Su belleza se habia marchitado.