Entre tanto, Adela y su madre habian devorado un trozo de jamon y dos chorizos, y se habian acostado en mullidos lechos, para roncar estrepitosamente.

Si Adela soñaba, veia al sublime Eduardo junto á una mesa y escribiendo sentidos versos.

En cuanto á la mesa, no se debia equivocar la sensible jóven, porque efectivamente, Eduardo se encontraba entonces junto á una mesa, entre una docena de tahures, viendo cómo los naipes caian sobre el tapete y esperando la ocasion de levantar un muerto, que le permitiese almorzar al otro dia.

El fingido calavera habia dicho que pensaba ir al casino y pasar allí jugando el resto de la noche; pero se fué á su pobre morada, desnudóse, se santiguó devotamente y se acostó, para poder levantarse al otro dia á la hora de ir á su trabajo.

La verdad es, que si Juanito se hubiese casado con Paquita, tal vez habrian sido dichosos; pero ella queria un hombre rico y él soñaba con novelescas aventuras, cuyo término fuese el amor de alguna ilustre dama.

Doña Robustiana cenó en compañía de su gato, y trazó su plan para que al ménos Adela consiguiese casarse con el sentimental Eduardo.

Todo esto, que parece poco, entrañaba mucho y debia producir las más graves consecuencias.

¿Qué suerte estaba reservada á las dos jóvenes en quienes particularmente hemos fijado la atencion?