Particularmente la mujer de la clase que intentamos retratar, tiene un porvenir bien triste, pues por las condiciones de su carácter y por las circunstancias de su manera de vivir, se acerca, aunque lentamente, á un abismo, sin que de ello se aperciba hasta que está en el fondo de donde no puede salir. El niño que corre tras la mariposa, cree que un paso más no tiene importancia, y paso tras paso se aleja tanto, que cuando quiere volver á su hogar no encuentra el camino.

Así van, lo mismo el hombre que la mujer, hasta el último extremo de todos los extravíos, y hasta el crímen.

Y aquí principia nuestra historia.

Las nueve de la noche habian dado.

El mes de Julio principiaba.

En Madrid, en Julio y á las nueve de la noche, el calor sofoca bastante para que se comprenda cómo los que habitan cerca del Ecuador pasan la existencia en dulcísima ociosidad, y á trueque de no moverse se resignan á no comer.

Dicen que la ociosidad es madre de todos los vicios; pero nos parece que este refran no es aplicable con exactitud á todos los climas.

Permítasenos creer que en los países donde la temperatura es muy elevada, la ociosidad, en vez de ser madre de todos los vicios, es fuente de todas las delicias.

Salvo algunas calles, no más que algunas del centro de la Villa tres veces coronada, se veian en las demás muchas criaturas que se habian acomodado en las aceras para aspirar el ambiente, si no fresco, al ménos puro de la noche, y decimos puro, en cuanto es posible en una poblacion como Madrid, donde respiran y bullen sin cesar más de trescientas mil personas.