No les parecia conveniente disgustar al rico caballero, porque entonces el casamiento se hubiera desbaratado.

Así aprecian las situaciones y juzgan esta clase de mujeres. Tienen la pretension de ser grandes, verdaderas señoras en el sentido moral de esta palabra, y les falta energía para hacer lo que hacen las que tienen el verdadero sentimiento de la dignidad y del decoro.

Sentíanse turbadas bajo una influencia que no podian contrarestar.

Alfredo, como quien está seguro de lo que vale y de lo que puede, acercóse á ellas, las saludó con una finura encantadora y le dijo á la madre:

—Señora, reconozco que he cometido una gravísima falta, y le debo á usted una satisfaccion, esperando que sea indulgente y me perdone, en gracia siquiera de mi buena fe.

—Caballero,—balbuceó la madre de Paquita,—yo no sé... por qué...

—Hay momentos en que los hombres se vuelven locos ó estúpidos, y es natural que entonces, no hagan más que torpezas. Esto lo comprenderá usted fácilmente, porque tiene usted talento sobrado para comprenderlo. Yo necesitaba un pretexto para tener la honra de hablar con usted, y no me ha ocurrido otro medio que el de cometer una falta, porque así se conseguia mi deseo, siquiera fuese para pedirle perdon.

¿No era este un lenguaje completamente desconocido para las dos mujeres?

¡Y qué lenguaje tan bello!

Por primera vez en su vida se veia la madre adulada con tanta delicadeza y tan ingeniosamente.