No hay nadie invulnerable á la adulacion.

¿Cómo despedia con dureza al hombre que se mostraba tan atento y tan cortés?

Esto hubiera sido una grosería, esto era indigno de una señora.

Movióse de un lado para otro la madre de Paquita como si el asiento estuviera lleno de alfileres.

No sabia qué decir.

Quiso hablar, y la lengua no la obedeció.

Para disimular apeló al recurso de toser, sacar el pañuelo y limpiarse la boca.

Alfredo, á quien las respuestas le interesaban muy poco, siguió hablando.

No hay para qué repetir sus palabras, pues basta decir que manifestó el vivo deseo de sostener con ellas cariñosas relaciones.