¡Qué dulce debia ser su sueño!
No temia que se le escapase el novio, porque ella se creia con sobrados encantos y con habilidad sobrada para retenerlo.
A la mañana siguiente limpió y arregló la jóven el aposento como mejor pudo, y se vistió con más esmero que nunca.
Don Pascual, que era un hombre de escasa estatura, bastante grueso, de abultado abdómen y de temperamento linfático, escuchó, mientras sonreia cándidamente, el relato de lo sucedido la noche anterior.
No dió muestras de pesar ni de alegría, de agrado ni de disgusto, ni dijo más que...
—Bueno.
Semejante frialdad, segun siempre sucedia, hizo montar en cólera á su mujer; pero el buen marido, sin enfadarse, sin alterarse en lo más leve, se puso á escribir la nota, rompiendo con mucha calma la primera, porque no le pareció bien, haciendo lo mismo con la segunda y utilizando al fin la tercera.
Luego se puso su levita y su sombrero, tomó su baston, y salió para ir á su oficina á cumplir sus deberes.
¿Iria aquel mismo dia Alfredo?