Paquita suponia que sí; pero su madre lo dudaba.

La jóven acertó, pues á las dos de la tarde resonó la campanilla, abrió la madre y se encontró frente á frente con el aristocrático calavera.

El gavilan estaba ya en el nido de la paloma.


CAPÍTULO IV
Turbaciones.

La esposa de don Pascual sintió como si le hiciesen cosquillas en todo su cuerpo, y ni vió, ni oyó, ni acertó á darse clara cuenta de lo que sentia.

Quiso saludar al caballero, y no hizo más que tartamudear algunas palabras incoherentes; quiso dejarle el paso libre, y se lo estorbó, y pensando abrir más la puerta, la cerró violentamente y tan fuera de tiempo, que cogió uno de los faldones de la levita del calavera.

Quiso este adelantar y no pudo, porque se encontraba preso, y tuvo que retroceder y quedar inmóvil, diciendo mientras sonreia dulcemente:

—Perdone usted, señora, pero...