—¡Perdonar!... ¿Y de qué?... La visita de usted nos honra... Pase usted, pase usted...
—Es que...
—Con franqueza, pues á mí me desagradan los cumplimientos.
—A mí tambien; pero es el caso que no puedo moverme.
Cuando una persona se ofusca, es difícil hacerle recobrar la calma, y mucho más difícil devolver la lucidez á su entendimiento.
En todo pensó la esposa de don Pascual ménos en que habia cogido con la puerta el faldon de la levita del amoroso pretendiente, y suponiendo que este habia sentido repentinamente alguna indisposicion, dijo:
—Si se ha puesto usted malo, tendrá cuanto necesite.
—Estoy bien...
—Si alguna urgente necesidad...