—¿Y qué importa si se han duplicado nuestros recursos?
—Si los gastamos así, nos quedaremos como estábamos.
Don Pascual hablaba juiciosamente; pero de nada le sirvió, porque entre la madre y la hija lo aturdieron, obligándole á que al fin prometiese acudir á un prestamista.
No terminó aquel dia sin que la esposa y la hija de don Pascual fuesen á visitar á todos sus amigos, para participarles el feliz suceso.
¡Doce mil reales!
Ni siquiera habian podido soñar tanta fortuna.
Si don Pascual abrigaba alguna duda en cuanto á la elevada posicion y á la gran influencia de Alfredo, disipóse completamente al ver que en pocos dias y con poquísimo trabajo, habia conseguido lo que para cualquier pobre empleado debia parecer un imposible.
El calavera era ya como el ángel bueno para la familia Bonacha.
Cuando hablaba era escuchado con respeto profundo, y si se tomaba la libertad de dar algun consejo, se ponia inmediatamente en práctica, pues de no hacerlo así hubiera parecido inferir una grave ofensa al generoso protector.
Tampoco se adoptaba resolucion alguna sin conocer la opinion del calavera.