Mucho odiaba Juanito á Saavedra; pero su ódio se encendió más y más desde que se vió humillado y representó el más triste de los papeles.

Le atormentaba horriblemente la sola idea de que el pan que habia de comer, se lo debia precisamente á su afortunado rival.

Mal que le pesase, tenia que reconocer su pequeñez en comparacion de Alfredo, y como no tenia valor para rechazar abiertamente lo que se le ofrecia, era forzoso que pensara en vengarse.

Maquinalmente pronunció Juanito algunas frases de gratitud, y prometiendo cumplir su deber como mejor pudiera, despidióse y salió.

Cuando se encontró en la calle, miró á todos lados como si no reconociese el sitio.

Su cabeza se abrasaba, y apenas podia respirar.

El infeliz tuvo que volverse á su casa para entregarse allí con libertad completa á sus amargas reflexiones.

Una y otra vez acusó á Paquita, que lo despreciaba, que no hacia justicia á sus nobles sentimientos y sanas intenciones.

Se veia despreciado por un hombre que amaba á otra.