Si el aristocrático calavera hubiese comprendido que una tempestad horrorosa agitaba el alma del jóven cursi, no habria perdido un instante para ir á buscarlo y exigirle que guardase silencio.

Empero no dió Saavedra tanta importancia al asunto, y en esto consistió su torpeza.

Llegó el dia siguiente.

A las diez en punto de la mañana entraba Juanito en la suntuosa morada del conde.

Estaba el jóven pálido y ojeroso, porque la noche anterior apenas habia dormido.

Los criados lo recibieron muy bien, y se instaló en el despacho, segun las órdenes que tenia.


CAPÍTULO VII
Juanito empieza á vengarse.

No habian trascurrido quince minutos, cuando se presentó Clotilde envuelta en una ancha bata, que si no permitia que se dibujasen muchas de sus bellísimas formas, en cambio dejaba que otras se viesen tal vez más de lo que convenia.