Acababa de salir del lecho, y su rubia cabellera estaba en desórden.
A pesar de esto, nunca habia parecido la jóven tan arrebatadora.
Saludó á Juanito como se saluda á las personas de confianza, y le dijo que se sentase, mientras ella hacia lo mismo.
No le faltaron á Clotilde pretextos para justificar su presencia allí, y con la habilidad de las mujeres del gran mundo, fué prolongando la conversacion y dándole el giro que le convenia.
Juanito estaba como fascinado y sin querer contemplaba aquellos hechizos, preguntándose más de una vez si Paquita merecia la pena de que ningun hombre sufriese por ella el más leve disgusto.
Pero estas reflexiones no podian hacerle cambiar de resolucion, sino que, por el contrario, más que nunca estuvo decidido á descargar el terrible golpe contra Alfredo, ocurriéndosele además que era posible que la hija del conde no perdonase jamás al que la habia engañado y que pensase en otro hombre.
¿Por qué Juanito no habia de conseguir algun dia interesar el corazon de Clotilde?
Así su venganza seria completa y le tocaria su vez de mirar desdeñosamente á Paquita.
Era jóven, creia que el cielo lo habia dotado de belleza personal, y le parecia que esto era suficiente para encender el corazon de una mujer.
Se equivocaba, porque no sabia que de lo que ménos se enamora la mujer es de la belleza física, y que sobre este punto sus aspiraciones y sentimientos están muy por encima de los del hombre. El talento, el valor, la gloria, la posicion social y otras circunstancias por el estilo, hacen que una mujer se enamore, más que de la juventud ó la hermosura, del cuerpo.