Otra vez palideció la hija del conde; pero hizo nuevos esfuerzos para dominarse.

—Comprendo,—murmuró.

—Si usted adivina, conste que yo nada he dicho.

—Ocupando la posicion que usted ocupa en esta casa, creo que me debe hablar con franqueza.

—Es que...

—Sin embargo, no quiero averiguar vidas ajenas. Ya veo que Saavedra sostiene amorosas relaciones con la hija de don Pascual Bonacha, y que protege al padre...

—Y ha hecho en favor de esa familia más de lo que debia esperarse: ¿Puedo ser más franco?—añadió Juanito como quien se decide á dar un paso peligroso.—Deseo para don Alfredo de Saavedra la tranquilidad y la dicha; pero ustedes son antes para mí, y quiero darles pruebas de lealtad.

Así llegó la conversacion á tomar el carácter que deseaba Juanito, lo mismo que Clotilde.

Esta ya no intentó disimular.