Las explicaciones fueron interesantísimas desde aquel momento.
Juanito dijo la verdad de todo lo que habia sucedido, sin olvidarse de la elocuente circunstancia de haber cedido Alfredo su casa de campo á la familia Bonacha para que pasase allí la fuerza del calor del estío.
Despues hizo algunos comentarios con la peor intencion del mundo.
Clotilde escuchó con tanta ansiedad como angustia.
Más de una vez se tornó lívido su rostro y sombría su mirada.
Prometió no decir á nadie quién le habia dado tan graves noticias, y atormentada por los celos y trastornada por la ira, salió del despacho.
En su semblante se revelaba la borrasca espantosa que agitaba su espíritu.
Juanito empezó á sentirse poseido de terror ante su propia obra; pero ya no podia retroceder. Habia dado el primer paso, y le seria forzoso dar el último.
Algunas horas despues se presentó Alfredo de Saavedra.