Otro individuo que le atraía singularmente era Gonzalfáñez, del cual Villamor le había hecho breve relato acerca del misterio en que se arrebozaba. Los dos esposos lo habían sorprendido en guisas extravagantes: una vez, conversando con las hierbas, tumbado en el prado; otra, encaramado en un pomar, cebando los bichejos de un nido.
La única relación que en Regium mantenía Ruth era con la señora del vista de aduanas, Aurora Blas. Visitábanse de tarde en tarde y con mucha etiqueta. Aurora andaba muy metida por los jesuítas y no perdonaba ocasión de pronunciar un ardoroso elogio de los benditos Padres. Y así fué cómo Ruth confió un día á Aurora sus inquietudes espirituales y su resolución de acogerse á una religión que la satisficiera.
—Mais, alors vous devez aller tout de suite au couvent des Jésuites. Oh, combien ça me plait! Vous êtes un ange.
—Ma chère Aurora: ça c’est bien difficile. Comment pourrais-je aller moi toute seule? Je n’y connais personne[4].
Aurora se prestó, al proviso, á servir de correveidile. No faltaba más. Fué á visitar al Padre Olano, su confesor; éste acudió á Arostegui; Arostegui manifestó que le placía mucho el caso, y á los dos días, Aurora y Ruth entraban en el colegio, un domingo, al caer la tarde. Olano las aguardaba en el salón de visitas. La primera dificultad con que tropezaron fué que Olano no sabía inglés, ni francés, y Ruth no se enteraba cumplidamente del castellano. Aurora sintióse perpleja:
—Padre, yo creí que todos ustedes sabían al dedillo el francés.
—¿Para qué, hija mía?—respondió el Padre Olano, ruborizándose—. Lo estudian los que tienen necesidad de él. En los otros sería vanidad. Pero, en fin, esto no es un impedimento absoluto. La señora, por lo que veo, entiende español. Yo la hablaré despacio, y cuando no me comprendiera, le repetiré lo que sea cuantas veces sea preciso. De este modo las verdades se le inculcarán con mayor fuerza. De aquí en adelante puede venir á la hora que mejor le convenga, y hablaremos aquí.
—Six heures du soir, si ça vous plait.
—¿Qué dice?
—Que á las seis de la tarde, si no le molesta.