—Padre Sequeros, enfermo. Demás Padres, refectorio. Imposible ver—. Con esta construcción telegráfica suponía llegar más derecho á las entendederas de Ruth, la cual, comprendiendo la negativa, levantó el busto arrogantemente y penetró al patio con decisión. Quiso interponerse el lego, mas Ruth, de un manotazo, le constriñó á apartarse, haciéndole bailar de camino un aurresku rudimentario. Santiesteban salió, dándose con los zancajos en la rabadilla de tanto correr, disparado, hacia el refectorio de los Padres; fué á la vera del Superior y le puso al tanto de la insolencia femenina. Arostegui llamó á Olano; le dijo al oído:
—Vaya á ver la tripa que se le ha roto á esa individua y procure hacerla tomar las de Villadiego cuanto antes.
Olano dispúsose á obedecer las órdenes del Rector, repapilándose de placer y quizá un algo nerviosillo. Desde el patio oyó gritos en el tránsito del piso primero; era Ruth, clamando por el Padre Sequeros. Subió Olano las escaleras con cuanta agilidad le consentían sus fofas facultades, llegando al tránsito jadeante, sin resuello. Á los pocos pasos topóse con Ruth.
—Padre Sequeros... ¡Yo necesito ver!
—Vamos, tranquilícese, hija mía. Acompáñeme á la celda.
—¡Padre Sequeros!
—Sí, ya entiendo. Un momento de calma. Acompáñeme.
Exhausta de energías y casi inconsciente, la viuda de Villamor siguió al jesuíta, el cual la había tomado de la mano, y de esta suerte la condujo á su celda, dejándola en la habitación, en tanto él se ocultaba detrás de la cortineja que hay á la entrada de la camarilla. El Padre Olano tenía la boca seca, el corazón acelerado y las manos temblonas, por obra de la emoción é incertidumbre, á tiempo que se desceñía el fajín y se desvestía la sotana porque era muy cuidadoso de no incurrir en necias infracciones, cuya manera de burlar conocía al dedillo. Así, Olano no ignoraba que el religioso que se despoja de sus hábitos se hace ipso facto reo de excomunión; pero, el mismo aligeramiento indumentario se trueca en acto meritorio cuando, por no profanar las santas vestiduras, se realiza para fornicar, por ejemplo, ó ir de incógnito á un prostíbulo, según concretamente se asegura en los Veinticuatro Padres, en la Praxis ex Societatis Jesu scola, y en el Padre Diana: Si habitum dimitat ut furetur occulte, vel fornicetur. Ut eat incognitus ad lupanar.
Ruth Flowers, en una butaca de enea, permanecía con la cabeza caída sobre las manos y los codos en las rodillas. Olano asomó en la puerta de la camarilla; avanzó con sigilo hasta sentarse á la izquierda de Ruth. La señora murmuró, sin alzar los ojos:
—¡Padre Sequeros! ¡Padre Sequeros!