—Por ahora... es imposible... hija mía—. La concupiscencia le quebraba la voz.

Ruth se puso en pie y Olano hizo lo propio, aprisionándola entrambas manos. Hasta aquel instante, la cuitada mujer no había parado atención en la traza inconveniente del jesuíta: el plebeyo rostro, torturado de furor venusto; el bovino pestorejo, de color cárdeno; la camisa, burda y con mugre, abierta por el pecho y mostrando una elástica fuerte y áspera pelambre; los calzones azules, remendados, con fuelles y sin botones en la pretina; las pantorras, de extraordinario desarrollo, embutidas en toscas medias, agujereadas á trechos; sin zapatos. En cualquier otro trance hubiera sido grotesco, risible sobre toda ponderación. En aquel caso resultaba terrible, como un sátiro brutal, embriagado de mosto y de lujuria. Ruth creyó perder el sentido y con él la razón. El dolor de los tobillos, que aumentaba por momentos, apenas la consentía sustentarse sobre los pies. Deseaba la muerte. Los ojos se le nublaban.

Mas he aquí que, como entre sueños, advierte que la torpe y embotada mano del jesuíta explora sus senos, aquellos dulcísimos senos cuya delicadeza eréctil la maternidad había respetado, y, luego unos labios calientes y blanduchos sobre su boca casi exangüe, que el terror helaba. Por un prodigio de fortaleza, nacida de tanto horror, Ruth pudo sacudirse de encima aquel fardel de libidinosidades furiosas. Olano retomó á la presa; Ruth le contuvo aplicándole un puñetazo sobre un ojo, y aprovechando el aturdimiento del hombre, huyó de aquella estancia maldita, y luego de aquellos tránsitos penumbrosos y hostiles, y luego de aquella casona negra, alucinante. Y salió á las veredicas y pradezuelos que hay tendidos al pie del colegio; sus pasos vacilaban; su razón se ensombrecía. Cayó sobre la hierba, exhalando un lamento:

¡My God![14].

Unos brazos tímidos y afectuosos se posaron sobre sus hombros; luego la ayudaron á que se incorporase. Una voz buena, dijo:

¡Poor beautiful creature! ¡Come to me!

You... Gonzalfáñez. Let me see the children, and die.

Not yet. Come to me[15].

Desde aquella noche, Ruth, con sus hijos y la nurse, se instalaron en casa de Gonzalfáñez.