—Estará durmiendo la siesta con la inglesita.
Y no volvió á acordarse de la réplica. Pero estas palabras aventuradas no se derritieron en el aire, sino que avanzaron por una ruta fatal hasta los oídos de Manolito Trinidad, y luego hasta los de Mur y luego hasta los del Rector.
El mismo día, en el estudio de la noche, sonaron tímidos golpes de nudillos á la puerta. Salió á informarse Ricardín Campomanes, por orden de Mur; subió al púlpito, bajó al pupitre de Coste y le dijo:
—Te llama el Hermano Santiesteban.
Coste salió del estudio, campechanote y descuidado, creyendo que alguna visita insólita le reclamaba. Silenciosamente se encaminaron á la ropería.
—Quítese la blusa.
Coste se desvistió el blusón.
—¿Quién viene á verme?
—Nadie por ahora.
—Entonces...