—Ya, ya. Como que estarás en la gloria, sin estudiar, sin clase... Pues bien; el Padre Rector ha acordado expulsarte del colegio.
Coste disimuló su alegría.
—¿Por qué?
—¿Qué has dicho ayer en las filas á Caztán, al salir del comedor?
—Maldito si me acuerdo.
—¿No? ¿No fué algo del Padre Sequeros y de la inglesa? ¿Eh, galopín? ¿Quién te ha enseñado esas abominaciones?
—Ahora ya sé. Pero, ¿Caztán es fuelle también?
—No se trata de eso.
—Y bien, Padre Ministro, si me expulsan, ¿por qué me tienen sin comer?
—¿Sin comer?