Han enmudecido á causa de la emoción. Bertuco, temblándole el acento, reanuda la charla:

—¿Dónde vas á dormir esta noche? Es ya tarde. Viene la noche.

—Sí, es ya muy tarde. Dormiré aquí, en el bosque.

—¿No tendrás miedo?—Ricardín está estremecido.

—¿Á qué?

—Reza, por si acaso.

—Eso ya se sabe. ¿Crees que soy un hereje?

Tiemblan unas voces en la distancia: «Bertucooo... Campomanes...»

—Bueno, adiós.

—Adiós.