«¿Por qué habláis de un milagro?
No conozco otra cosa que milagros;
si recorro las calles de una urbe,
ó paseo con pie desnudo junto al mar,
ó permanezco bajo los árboles del bosque,
ó contemplo las abejas en torno de la colmena al mediodía,
ó los animales que se nutren en los campos,
ó los pájaros, ó la maravilla de los insectos en el aire,
ó la maravilla de la puesta solar,
ó las estrellas,