Concisa y elocuente insinuación de la benevolencia de los padres confesores:
«El padre confesor te oirá con toda dulzura y caridad.»
Sucédense algunas meditaciones de apacible naturaleza, las cuales, por contraste, sirven para templar la aguda tensión de espíritu. La Meditación XII es como la clave del arco. Su asunto, la muerte.
«No hay cosa que tanto contenga al hombre de pecar como es el pensar en la muerte.»
En una apostilla.
«Así como una vez desvanecida la doncellez de la hembra no es posible que se recobre, si se sabe inculcar bien en el espíritu el torcedor de la muerte, no hay modo ya de recuperar la espontaneidad y descuido de los goces terrenos. Vive memor lethi.»
«Nequaquam morte moriemini. No seas tonta, no seas boba, dijo la serpiente á Eva, no moriréis. ¡Ay! Quitada esa barrera, cayó miserablemente en el pecado.»
«Composición de lugar. Imaginaos que os halláis y veis enfermos en una cama, con el aviso de confesaros y de recibir el santísimo Viático y la santa Unción; luego os halláis moribundos, que os dicen la recomendación del alma, que vais perdiendo los sentidos, y que, finalmente, morís...»
«Morir es sacar de casa á ese tu cuerpo y llevarlo al campo santo, y allí dejarlo solo, de día y noche, rodeado de calaveras y huesos de otros muertos. Morir es dejar á tu cuerpo, solo, muerto, cadáver, para que lo coman los gusanos, que esto es lo que quiere decir cadáver, caro data vermibus, carne dada en comida á los gusanos.»
Nada tan fecundo como la muerte. El Padre Olano aprovecha muy por largo dicha fecundidad en su manuscrito. Síguense diferentes meditaciones, hasta llegar al celebérrimo símil ignaciano de las dos banderas ó divisas enarboladas respectivamente por Jesús y Satanás. Satanás predica á sus huestes, ambición, entusiasmo, confianza en sí propio: Jesús, penuria cordial, perfidia, rebajamiento. O, dicho con palabras del santo: