«...Considerar el sermón que Cristo nuestro Señor hace á sus siervos, encomendándoles que á todos quieran ayudar en traerlos primero á suma pobreza espiritual; segundo, á deseo de oprobio y menosprecios, porque de estas dos cosas se sigue la humildad; de manera que sean tres escalones: el primero, pobreza contra riqueza; el segundo, oprobio ó menosprecio contra el honor mundano; el tercero, humildad contra soberbia...»
En las meditaciones sobre la vida de Jesucristo resplandece aquel estilo llanote y vernacular del Padre Olano, que es la elocuencia suma, á juicio de las madreselvas. Tomamos algunos ejemplos:
Dice Satanás á Jesús: «Pasaremos al desierto, si usted gusta. Allí estaremos solos.»
Después de haber vencido la tentación del desierto «la Santa Virgen envióle comida, que ella misma había condimentado con sus purísimas manos: berzas, sopa, espinacas y quizá sardinas (caules, vel brodium ut spinaria et forte sardinas)».
La túnica de Jesucristo, según el Padre Olano: «Era de color de ceniza, redonda lo mismo por arriba que por abajo, con mangas también redondas; en la orilla, bordados, á la usanza judía. Habíala cosido la Virgen, y así como Cristo crecía, la túnica crecía también y no sufría deterioro.» Detalle enternecedor: «Un año antes de la pasión, Jesús se había acostumbrado á llevar una camiseta de abrigo, debajo de la túnica.»
«Durante la flagelación diéronle 6.000 golpes. De ellos fueron 5.000 en el cuerpo y 1.000 en la cabeza. La corona de espinas componíase de 1.000 puntas, y estaba tejida con junco marino.»
Ya en las últimas meditaciones, persíguese el fin de alentar en el pecho de los ejercitantes la confianza en María y alguno que otro santo. Los ejemplos que el Padre Olano cita en su manuscrito son muchos. Tomaremos uno de muestra:
«Bonfinius, en su Historia de Hungría, cuenta que tres años después de la batalla de Nicópolis oíase una voz en la llanura pronunciando los nombres de Jesús y María. Encontróse ser la cabeza de un cristiano, muerto sin confesión, que honraba á la Virgen con particular devoción. Esta habíale preservado de las penas del infierno, conservando con vida su cabeza. Trajéronle un sacerdote, quien le confesó y dió de comulgar, no muriendo hasta este punto.»
II
Las pláticas del Padre Olano se celebraban, como se ha dicho, en la capilla del colegio. Las maderas de los ventanales estaban entornadas. Sobre el altar pendían negros paños y crespones. El ambiente era lúgubre y medroso.